Las flores de Bach constituyen un sistema completo que emplea 38 esencias provenientes de 36 flores. Orientado a tratar temas de importancia general para todas las personas.

La enfermedad física es un resultado del desequilibrio emocional que persiste a través del tiempo, debilitando al organismo y al sistema inmunitario, así como la capacidad de defenderse de los agentes nocivos. Por ejemplo el estrés o la ansiedad, van acompañadas de respuestas fisiológicas que a la larga pueden dar inicio a alteraciones  físicas, que pueden ser la base para alguna enfermedad.

Para aplicar los remedios florales, en el tratamiento de una determinada enfermedad, es necesario centrase en los estados emocionales negativos que está sintiendo la persona, por ejemplo miedo, ansiedad, pena, odio, agresividad, etc. para seleccionar la esencia más adecuada para él o ella, ya que cada flor trata un estado emocional diferente.

Dado que las Flores de Bach, actúan directamente sobre los estados emocionales negativos, pueden utilizarse para el tratamiento de depresión, insomnio, obsesiones, problemas de aprendizaje, déficit atencional, traumas.

Las flores actúan a nivel inconsciente, empujando al organismo hacia la auto curación y el equilibrio emocional.

Las flores no presentan efectos secundarios ni toxicidad, a veces las personas tratadas con  este sistema se recuerden  de sus  sueños frecuentemente, y puede que requieran dormir un poco más, debido a que su inconsciente está realizando un esfuerzo especial en auto sanarse.

Por su sencillez, se puede administrar conjuntamente con cualquier otro tipo de tratamiento.

Por su inocuidad, es imposible la sobredosificación. Una ingesta excesiva no es en absoluto perjudicial. Incluso tomar una flor que el paciente no necesite, no es dañino en absoluto: sencillamente no afectará al paciente en ningún sentido.

Las esencias son altamente preventivas, pues se puede administrar también en personas que ni siquiera hayan mostrado el más mínimo indicio de enfermedad, pero que por su comportamiento se prevé que en un futuro pudieran padecer alguna dolencia relacionada con sus defectos.

Un tratamiento puede durar desde un mes hasta un año o más, dependiendo de lo arraigada que esté la enfermedad.

Por Susana Arredondo
Psicóloga