Actualmente vivimos en una sociedad que nos incentiva a volcarnos hacia el exterior y motivarnos desde lo externo, de lo que puedan pensar y/o decir los demás, de lo que es socialmente correcto, de lo que se espera de nosotros, etc. Esto se relaciona con lo que los psicólogos llamamos extroversión. En un aspecto positivo quien tiene desarrollada esta característica suele poseer gran facilidad para relacionarse con los demás, integrarse en los grupos, hablar en público fácilmente, etc., Sin embargo, ser demasiado extrovertido puede generar un distanciamiento del propio mundo interno, un alejamiento de las propias ideas y motivaciones, de la originalidad y autenticidad, del “yo quiero” en vez del “yo tengo”.

Ser demasiado extrovertido (y enfatizo el “demasiado”) también puede generar una identidad dependiente del resto  (ya que el extrovertido confía y da más validez al mundo externo que a su mundo interno) por lo tanto lo que digan los demás puede vivirse como más real, incluso más  que las propias opiniones acerca de si mismo, de esta manera, cuando un otro le dice que lo considera inteligente (o atractivo, o afectuoso, u honesto), siente que realmente lo es y se vive a sí mismo y al mundo como si fuera tal y como ese otro lo describe, sin embargo esto solo se mantiene hasta que alguien le diga lo contrario.


..la extroversión puede ser un arma de doble filo, por lo que vale la pena aprender a manejarla… 

Cuando ocurre esta dependencia, es frecuente que se generen sentimientos de ambigüedad y ambivalencia respecto a si mismo, dudas acerca de sus propias fortalezas y debilidades, dificultad para definirse o describirse, y la necesidad de buscar un otro que lo reafirme.

Ser extrovertido no es algo negativo. Al igual que la introversión (de la cual hablaré en otro artículo), la extroversión puede ser un arma de doble filo, por lo que vale la pena aprender a manejarla a nuestro favor. En otras palabras ser extrovertido puede ser un gran aporte para la integración y adaptación de la persona, el problema se presenta cuando perdemos el contacto con nosotros mismos, con nuestras propias opiniones, creencias  y motivaciones, con quienes somos y que queremos, que nos gusta, que nos hace únicos.

Algunas preguntas para reflexionar sobre el nivel de introversión/extroversión

–  ¿Prefiero adaptarme e integrarme a los grupos o prefiero ser diferente y original?
–  ¿Privilegio lo que “todos saben que es así” sobre lo que natural y espontáneamente me surge?
–  Cuando estoy solo, ¿me siento confundido y con la necesidad de estar con alguien?
–  ¿Me cuesta definirme o describirme a mí mismo?

 

por Alejandro Reckmann G.
Psicólogo

Fotografía de Victor Stoyanov